Pedido indecente

Qué parte desea servirse, preguntó el amable mesero.

La pata del pato, respondió de inmediato.

-¿Y usted?

-La poll… ¿Tiene algo que no sea pollo?

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Dolor

No reparé en mi fuerza, dijo aquel musculoso doctor quiropráctico mientras caminaba por una calle solitaria con una cabeza entre las manos.

¡Al paredón!

Vayan en paz hijos. Están perdonados, dijo el padre, luego de darles la bendición. Al día siguiente, las mismas palabras, la misma fe de siempre. Con lágrimas en los ojos y rifles en las manos, caminaban agradecidos en dirección a la rutina de siempre; dar en el blanco a cabezas y corazones.

Todas las noches

A veces es imperceptible, sin embargo ayer fue distinto. Me arrastró a un gran espejo de la habitación, sus largos dedos apretaron mi cuello para ver su rostro. Hubo un fuerte forcejeo, al final pude verlo; dos largas extremidades lo mantenían de pie, otras dos me sujetaban y un fino pelaje, solo en su cabeza, se alborotaba con el movimiento. Dijo algo que no pude entender, mordí su tobillo para arrancárselo pero no tuve suerte. Escapé despavorido, bajo la luz de una gran luna llena y con el hocico ensangrentado, aullé toda la noche.

Masacre

Dio vuelta a la página y miles cayeron, se salvaron pocas. Pude salir de milagro de la 59, un orificio me condujo a otro lugar muy parecido al que me encontraba, era la 125. Giró otra página, y muchas quedaron aplastadas, decapitadas y sin extremidades. Escapé sola, sin amigas. Hice un largo recorrido por un túnel hasta que se antepuso la palabra “fin”. Esperé inquieta, sin embargo, el voraz lector no se compadeció, suspiró en silencio, gritó con voz alzada al viento: ¡final!

Luego con mucha delicadeza cerró el libro.

¡Grande!

Llegó alborotando el lugar. Público ansioso, desesperado, pero muy atento a todo. Dejó su maletín, probó el micro, y con una voz rasposa tan solo saludó. Las mujeres presentes gritaron y se miraban entre sí, no podían creerlo, los hombres simultáneamente se acomodaron en sus asientos, algunos se ventilaban y otros tomaban fotografías. Lo que sucedió después, no tuvo importancia, sin embargo me llamó la atención; aquel pintor, cantante, escritor o un aclamado probador de sonido.

Sabio

Anunció miles de catástrofes, vaticinó plagas que dejaron con hambre a la población. Predijo lluvias, sequías, eclipses e inesperados nacimientos. Era el más sabio del pueblo, y por qué no decirlo: el único sabio de la región. Tardé varias horas, crucé montañas, muerto de sed y hambre, hasta que en mi último suspiro llegué, con mi último aliento toqué la puerta. Quién es, preguntó aquel que lo sabía casi todo.