Ausencia

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Ese día se olvidaron de despertarme temprano tanto mi papá como mi mamá. Me paré frente  al espejo mientras mi abuela me colocaba la camisa dentro del pantalón. Me dio la bendición  dos veces y colgó una imagen de la Virgen Maria en el pecho. Cogió mis hombros,  bajó la mirada y suspiró. Ese día fui solito al colegio. Por la  tarde salí a  jugar al parque con mis amigos,  pues en  mi casa no había espacio; estaba  llena de personas vestidas de negro y muchas flores.

En familia

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Aquel grito no fue de él, sino de su padre. Abrió la puerta de su habitación y fue directo a la cocina. Su padre ahora leía; él caminaba en silencio, el cuchillo  temblaba por la fuerza de como lo sujetaba.  Estaba ya  cerca. Veía su amplia espalda. Escuchó su respiración y sintió un  dolor en la garganta. El último grito que se escuchó no pareció ser del padre.

Caminante

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Aquel hombre avezado caminaba por una gran avenida abarrotada de vehículos. Los autos pasaban muy cerca de él o frenaban a pocos metros. Algunos conductores se detenían  para insultarlo, pero él  seguía su rumbo, mirando la pista y sin importarle nada. Un auto frena muy tarde y atraviesa  su cuerpo, luego otro y otro. Hubo un breve silencio y luego gritos. Él seguía de pie, caminando al mismo ritmo. (Los muertos también merecen vivir en paz).