Habitación 302

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Él nunca supo que fue así.

Trató de ayudarlo,

miró a su alrededor,

cogió un paño,

secó su frente

nariz y boca.

 

Le habló al oído (a los dos oídos)

rezó un padrenuestro

besó la frente,

cogió su mano y

la acarició.

Miró a ambos lados.

 

Le cubrió el pecho,

Miró de reojo.

Acomodó la mascarilla,

lo besó sin ruido,

volvió a mirar.

Apagó la luz.

Y luego el oxígeno

El oro y el loro

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El viejo pirata observaba detenidamente el horizonte apoyado del mástil. Las velas se inflaban y parecian aullar por el viento; grandes olas azotaban la embarcación. A mal tiempo buena cara, le dijo a su único amigo y confidente, el loro,  que llevaba en el hombro. Un barco se vislumbraba en la lejanía. Sosteniendose por cuerdas, y con dificultad al caminar,  se dirigió hacia el cañón. Esperó y prendió un puro. El mar se había calmado. Sobrevolaron gaviotas y golondrinas, mientras el  sol secaba cubierta. El barco enemigo estaba abandonado, velas  destruidas por el viento,  mástil carcomido y partido por la mitad. El pirata con espíritu aventurero, y con hambre de saqueo, saltó a la embarcación, y luego de una minuciosa exploración, arrastró un gran cofre lleno de joyas de oro. Apoyó su pata de palo en el cofre, como señal de victoria. Un airecillo le acarició el rostro, y  una pequeña lágrima le brotó de su único ojo al darse cuenta de llevar el  hombro vacío.

El niño

 

2017-07-05 23.24.01

El disparo se oyó dentro del centro comercial. El ladrón había escapado con el botín.  Varias personas se lanzaron al suelo cubriéndose la cabeza. Aquel niño quedó tendido  con un agujero en el pecho.  Sus padres lo  abrazaron mientras él despertaba del impacto. Del bolsillo izquierdo de su camisa extrajo  un soldadito de plomo destrozado; echó a llorar.