A tiempo

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Al entrar en el metro, descubrió que el tiempo era suyo. Pues se  acercaba  a  cada una de las personas y les quitaba el  reloj, sin que lo noten.  Al finalizar el viaje, todos llegaban tarde a sus trabajos, menos él; pues la puntualidad era uno de los valores que más lo caracterizaba.

 

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Ranura artística ( el ojo de tu alma)

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Cada color sobrepuesto refleja una parte de tu alma, el contraste remarca lo incoherente así como los problemas cotidianos: lo que aún no ha conocido tu personalidad.

Todos tenemos un lado malvado y desconocido, muy difícil de explorar, algunas veces nos ocultamos bajo la oscuridad de su sombra, es un lugar muy frío y sin ruido, ahí escondemos  nuestra timidez, fracasos y miedos.

Otras  veces reaccionamos desde ese lado y hacemos  mucho daño. Nos escabullimos nuevamente enterrando la cabeza y derramamos lágrimas que solo la vemos nosotros, nos alejamos de las personas y la sociedad: en ese dolor o ranura es donde tenemos que situarnos para mirar el mundo, obteniendo una realidad distinta sobre la vida. Empezará a brotar la creatividad literaria y así podremos  encontrar nuestro centro que tanto andamos buscando. No escribamos desde el bosque que es la superficie de la vida, situémonos abajo por el subsuelo donde está lo interesante. Lo que verdaderamente tu alma quiere decir, lo que esconde tu “yo” interior.

Momento

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Cada segundo, cada instante, todo se congela al frente mío, las palomas se detienen con sus alas abiertas al viento, dos mariposas quedan suspendidas al pie de unos pétalos lilas, los geranios tras su fecundación esperan  con sus estambres abiertos a las abejas para hacer beber el néctar purísimo de su elaboración, las voces de los niños quedaron quietas retumbando en el espacio, el eco no parece escucharse, quedó todo en silencio, esta quietud me anima a encender  un cigarrillo. Pero debo  esperar que pase este instante, donde el tiempo y las almas se detienen, el ruido se calla, pero no para siempre, debo esperar que pase. Abro los ojos y las cenizas se las lleva el viento.

 

Decálogo del Escritor (Augusto Monterroso)

 

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Primero.
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

Segundo.
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

Tercero.
En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: “En literatura no hay nada escrito”.

Cuarto.
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

Quinto.
Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

Sexto.
Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

Séptimo.
No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

Octavo.
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

Noveno.
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

Décimo.
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

Undécimo.
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

Duodécimo.
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.

 

El autor da la opción al escritor de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes diez.

Diez Pasos para escribir un buen cuento de Julio Ramón Ribeyro

 

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Como lo hiciera Horacio Quiroga  , estableció diez pautas para elaborar una excelente narración breve. Es que, al contrario de lo que muchos asumen, escribir un cuento exige mayor rigor que la novela. Julio Cortazar dijo alguna vez que la novela gana por puntos y el cuento por knock out. En definitiva, el cuento debe impactar en pocas palabras. Su imperativo es la concisión. El decálogo de Ribeyro debiera servir de referente para todo novel escritor.

  1. El cuento debe contar una historia. No hay cuento sin historia. El cuento se ha hecho para que el lector a su vez pueda contarlo.
  1. La historia del cuento puede ser real o inventada. Si es real, debe parecer inventada y si es inventada, real.
  1. El cuento debe ser de preferencia breve, de modo que pueda leerse de un tirón.
  1. La historia contada por el cuento debe entretener, conmover, intrigar o sorprender, si todo ello junto, mejor. Si no logra ninguno de estos efectos, no existe como cuento.
  1. El estilo del cuento debe ser directo, sencillo, sin ornamentos ni digresiones. Dejemos eso para la poesía o la novela.
  1. El cuento debe solo mostrar, no enseñar. De otro modo sería una moraleja.
  1. El cuento admite todas las técnicas: diálogo, monólogo, narración pura y simple, epístola, informe, collage de textos ajenos, etc., siempre y cuando la historia no se diluya y pueda el lector reducirla a su expresión oral.
  1. El cuento debe partir de situaciones en las que el o los personajes viven un conflicto que los obliga a tomar una decisión que pone en juego su destino.
  1. En el cuento no debe haber tiempos muertos ni sobrar nada. Cada palabra es absolutamente imprescindible.
  1. El cuento debe conducir necesaria e inexorablemente a un solo desenlace, por sorpresivo que sea. Si el lector no acepta el desenlace es que el cuento ha fallado.

12 consejos de Roberto Bolaño para escribir cuentos

 

Archivo Bolaño Mesa

 

1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno. Honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.

2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.

3. Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.

4. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.

5. Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.

6. Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.

7. Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel.
Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!

8. Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.

9. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.

10. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.

11. Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.

12. Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.

Poemas

La suma de verdad

El amor encadena un dolor final,

olvidarlo cuesta espacio en el futuro,

quererlo y  mantenerlo desarma probabilidades lógicas,

el dinamismo de tus abrazos controla el hermetismo discreto,

tu avaricia derrocha ternura y conformismo,

tu belleza encarna y encapsula mi corazón,

el motivo de seguir queriéndote no merece solo un amor.

Tan solo es amor;  vivir y buscar  al ser amado,

es conviviente si la  verdad desmiente la promesa,

tu control derrocha obsesión,

tus caricias y tu tez cautivan el bosque hormonal,

mientras las carcajadas del corazón entristecen el pavor perdido,

el motivo de seguir queriéndote no merece solo un corazón.

Los celos confunden mis seis sentidos,

tu razón borra la prueba y el delito amargo en tu soledad,

tu verdad germina el origen de mi razón injusta,

el llanto justiciero atormenta al mediador sarcástico de tu pasión,

sin los  colores de tu alma decoloran el fiel  testimonio de vida en la relación,

el motivo de seguir queriéndote no merece solo una adición.

El motivo de seguir queriéndote no merece una adición

entre el amor y tu corazón,

la diferencia es quererte y multiplicar mi amor, dividido entre tú y yo.