Él

Los tiempos han cambiado. Estoy de acuerdo con eso y trato de moldearme a las situaciones, por eso cada vez que salgo a trabajar le doy un beso en la mejilla a pesar que ambos tenemos barba, acaricio sus brazos, pecho y espalda fornida, a veces lo quedo mirando detenidamente, y corro a abrazarlo. A él todavía le cuesta, yo lo entiendo, pues también fui así con mi padre.

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