El pintor

Antonio, el gran pintor de animales, navegaba por el mediterráneo en su balsa de madera sin ningún imprevisto, hasta que decidió dibujar grandes elefantes africanos en el lienzo, y comenzó a sumergirse.

Masacre de polillas

Dio vuelta a la página y miles cayeron, se salvaron pocas. Pudo salir de milagro de la 59, un orificio la condujo a otro lugar muy parecido al que se encontraba, era la 125. Giró otra página, y muchas quedaron aplastadas, decapitadas y sin extremidades.

Hizo un largo recorrido por un túnel hasta que se antepuso la palabra “fin”. Esperó inquieta, sin embargo, el voraz lector no se compadeció, suspiró en silencio, gritó a voz alzada: “Final” para luego cerrar, con mucha ternura, aquel gran libro.