Escalera

A solo

          cinco

                    pasos

                               del

                                     temible

                                                  infierno. 

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¡Grande!

Llegó alborotando el lugar. Público ansioso, desesperado, pero muy atento a todo. Dejó su maletín, probó el micro, y con una voz rasposa tan solo saludó. Las mujeres presentes gritaron y se miraban entre sí, no podían creerlo, los hombres simultáneamente se acomodaron en sus asientos, algunos se ventilaban y otros tomaban fotografías. Lo que sucedió después, no tuvo importancia, sin embargo me llamó la atención; aquel pintor, cantante, escritor o un aclamado probador de sonido.

Sabio

Anunció miles de catástrofes, vaticinó plagas que dejaron con hambre a la población. Predijo lluvias, sequías, eclipses e inesperados nacimientos. Era el más sabio del pueblo, y por qué no decirlo: el único sabio de la región. Tardé varias horas, crucé montañas, muerto de sed y hambre, hasta que en mi último suspiro llegué, con mi último aliento toqué la puerta. Quién es, preguntó aquel que lo sabía casi todo.

Ningún sobreviviente

Dio vuelta a la página y miles cayeron, se salvaron pocas. Pude salir de milagro, un orificio me condujo a otro lugar muy parecido al que me encontraba. Giró otra página, y muchas quedaron aplastadas, decapitadas y sin extremidades. Escapé, sin amigas. Hice un largo recorrido hasta llegar a un lugar donde decía “fin”. Esperé mucho tiempo, sin embargo, el voraz lector no se compadeció, suspiró en silencio, gritó final y cerró el libro.