Reflejo

 

 

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De vez en cuando lloro frente al espejo acompañada;  otras no.

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El mozo

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Recibí indicaciones por uno de los de barbita, pero a pesar de hablarme de una manera altanera, fui educado. Les puse el mejor pan del mejor trigo, y serví el mejor vino de la bodega. El de pelo largo y buen semblante, me pedía una copa tras otra; se la tomaba de un tirón. Me causó mucha gracia cuando cogían el pan y lo llamaban “cuerpo” y no aguanté más la risa, cuando los escuchaba decir que el vino era sangre (Gracias a Dios no me escucharon).  Fue uno de los grupos más raros que atendí en mi fonda.  Mientras bebían, hicieron una pequeña apuesta, pues luego de retratarlos, uno de ellos (el de buen semblante), lavó los pies de cada uno de sus amigos. ¡Qué gente para loca!