Bilingüe

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Karl, un amigo francés, iba por primera vez al dentista. Cogió una revista, sin entender lo que decía. Pasó página por página, hasta el final. Luego siguió con un par más, hasta que gritaron su nombre. Ingresó.  Se recostó. Le dieron instrucciones, pero siguió sin entender. Una mano por detrás le colocó un aparato para mantener la boca abierta, dificultándole tragar saliva. Le colocaron un aspirador y estuvo más tranquilo. Luego, con un instrumento parecido a las tenazas, forcejearon fuertemente, hasta que se rindió.

Mi amigo francés además de perder la lengua, ahora vive en otro continente y cambió, sin dificultad, de lengua; el español.

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La ventana

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No debiste hacerlo, santo padre. Quedé petrificado cuando  vi tras la ventana y se  detuvo para mirarme. Llevaba puesto un vestido rasgado de novia y cargaba una muñeca. El cabello le cubría el rostro. Vociferaba y maldecía,  golpeando el vidrio manchado de saliva. Tocaste mi hombro,  me hiciste la señal de la cruz. Esta noche, en la ventana maldita… Por ti.

Habitación 302

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Él nunca supo que fue así.

Trató de ayudarlo,

miró a su alrededor,

cogió un paño,

secó su frente

nariz y boca.

 

Le habló al oído (a los dos oídos)

rezó un padrenuestro

besó la frente,

cogió su mano y

la acarició.

Miró a ambos lados.

 

Le cubrió el pecho,

Miró de reojo.

Acomodó la mascarilla,

lo besó sin ruido,

volvió a mirar.

Apagó la luz.

Y luego el oxígeno

El oro y el loro

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El viejo pirata observaba detenidamente el horizonte apoyado del mástil. Las velas se inflaban y parecían aullar por el viento; grandes olas azotaban la embarcación. A mal tiempo buena cara, le dijo a su único amigo y confidente, el loro, que llevaba en el hombro. Un barco se vislumbraba en la lejanía. Sosteniéndose por cuerdas, y con dificultad al caminar, se dirigió hacia el cañón. Esperó y prendió un puro. El mar se había calmado. Sobrevolaron gaviotas y golondrinas, mientras el sol secaba cubierta. El barco enemigo estaba abandonado, velas destruidas por el viento, mástil carcomido y partido por la mitad. El pirata con espíritu aventurero, y con hambre de saqueo, saltó a la embarcación, y luego de una minuciosa exploración, arrastró un gran cofre lleno de joyas de oro. Apoyó su pata de palo en el cofre, como señal de victoria. Un airecillo le acarició el rostro, y una pequeña lágrima le brotó de su único ojo al darse cuenta de llevar el hombro vacío.

El niño

 

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El disparo se oyó dentro del centro comercial. El ladrón había escapado con el botín.  Varias personas se lanzaron al suelo cubriéndose la cabeza. Aquel niño quedó tendido  con un agujero en el pecho.  Sus padres lo  abrazaron mientras él despertaba del impacto. Del bolsillo izquierdo de su camisa extrajo  un soldadito de plomo destrozado; echó a llorar.