Es la hora

11

Eran las 11 de la noche, soplé la vela y un hilo de humo fue desapareciendo en la oscuridad. Mis pies, manos y cara se enfriaron. El segundero de pronto, silenció. Miré, desde mi cama, la puerta abrirse muy despacio, mientras sujetaba la sábana esperando el macabro momento.

Al amanecer, mucho mas aliviado por la mala noche,  las velas  estaban encendidas y la manecilla del reloj funcionaba, pero avanzaba en  sentido antihorario; siendo nuevamente las 11… soplé la vela y el frió llegó.