Persecución

profeeee

 

A mi  profesor de matemáticas,  los números lo persiguen durante el  día. De noche,  sólo las letras zeta se posan sobre su cabeza.

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Renacer

rostro

Una mano me acariciaba el rostro y  me dejé llevar.  Tocó  mis labios, luego paso sus dedos por mis ojos y  sentí su respiración cerca de mi oído. Despierta, me dijo.  Tienes que volver, escuché más claro. Es donde entendí que sería mi segunda oportunidad. Pero en otro ser.

Es la hora

11

Eran las 11 de la noche, soplé la vela y un hilo de humo fue desapareciendo en la oscuridad. Mis pies, manos y cara se enfriaron. El segundero de pronto, silenció. Miré, desde mi cama, la puerta abrirse muy despacio, mientras sujetaba la sábana esperando el macabro momento.

Al amanecer, mucho más aliviado por la mala noche, las velas estaban encendidas y la manecilla del reloj funcionaba, pero avanzaba en sentido antihorario; siendo nuevamente las 11… soplé la vela y el frío llegó.

Paso a paso

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Era una tarde fresca, a pocos minutos del ocaso. Al otro extremo, una pálida luna se dejaba abrazar por dos nubes. Él estaba de pie, sucio y cansado, mirando fijamente al sol.

Dio su primer paso con miedo, luego el segundo. Alzó los brazos para mantener el equilibrio.  El tercero, cuarto y quinto, sin dificultad. Ante el asombro de las personas, miró sus pies, estaban con heridas, pero estas se iban limpiando con las cristalinas aguas del mar, en donde también veía reflejado su rostro:  pelo largo y barba oscura.

El vecino

8.-seguridad-fuego

El humo salía por diferentes partes de la casa. Era hora punta y los bomberos no llegaban. Se escuchó una explosión en el interior y los cristales cedieron, cayendo como guillotinas. Grandes lenguas de fuego se desprendían por las ventanas como queriendo abrazar la casa.

El inquilino, ante la desesperación e impulsado por el amor a su esposa, fue hacia su rescate. A las dos horas, luego del gran trabajo de los bomberos, encontraron su cuerpo calcinado muy próximo a las escaleras del segundo piso, mientras su esposa, quien no había estado milagrosamente dentro, lloraba consolada y muy abrazada por un bombero vestido de civil, quien también era su vecino.