Sombra


Ella yacía boca abajo en el pavimento. Transeúntes se hacían a un lado y me miraban por compasión. Esperé inmóvil al pie de su cuerpo toda la tarde.

Luego que el cielo se tiñera de un color violáceo, cerré los ojos y recordé nuestros mejores momentos, las lágrimas enfriaron mi rostro. Al abrirlos ya era de noche; su cuerpo había desaparecido.

Ahora que camino bajo la luz azul de la luna, me acompaña en cada paso  que doy para llegar a salvo a casa.

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