Laberinto Emocional

 

CogoR_sUMAIZNiC

 

Una nueva esperanza se veía venir. O tal vez,   por fin cambie mi forma de ver las cosas. Luego de conversar con aquel anciano sentados en una banca del parque rodeado de flores rojas y amarillas. Él estaba desorbitado, hablaba incoherencias, pero igual lo escuché. Tenía el cabello  blanco y un bigote muy tupido y gris, estaba muy abrigado y se enroscaba una chalina a cuadros por su cuello, sus piernas las tenía cruzadas y las movía muy seguido, usaba un pantalón de franela y llevaba unas medias cremas con hueco, de una de ellas se le veían los dedos del pie. Me contó que le habían dado un día libre. El clima era cálido, había una pequeña resolana, pero no todo estaba bien, había nubes negras encima de nosotros. Era una persona muy peculiar, hasta la sentí  muy familiar. Me dejé llevar por sus palabras, y su adormecedora voz…

Estaba en el cuarto piso de un antiguo edificio. Caminé por un pasadizo sucio y oscuro, las paredes eran celeste claro y el piso era de cemento, había muchos vidrios y pedazos de ladrillo regado por todos lados. Andaba con cautela por los diferentes pasadizos. No era un buen lugar para pasear. Pero debía pasar este tiempo para poder encontrarla. Caminaba con  las manos por detrás y jugaba con mis dedos. Empezaba a tener nervios.

En el primer tramo de caminata me cruzaba con personas de tez oscura, sus rostros eran de dolor. Se quedaban mirándome fijamente, algunos me regalaban una sonrisa complaciente (no la necesitaba) y otros me seguían con la mirada  a pesar que ya no los veía.

Llegué a un lugar angosto. Era otro pasadizo pero más largo. Estaba más iluminado, parecía no tener fin. Contenían varias puertas a los lados. Entraban y salían  varias personas con la cabeza gacha, unos cruzaban lento arrastrando los pies,  otros volteaban a ambos lados y por miedo se escondían dentro de  las habitaciones.

El final era imposible verlo, estaba oscuro. Pero mis pasos me llevaban para allá. Caminé mucho más lento. Con mucha precaución y cuidado. Miraba el suelo para no pisar vidrios y evitar hacer ruido.  Había personas extrañas en las habitaciones.  Necesitaban descansar. Escuchaba sus gemidos, lamentos y llantos. No era tan agradable estar en ese lugar. Algunos se encontraban arrodillados con batas blancas rezando a un Santo Moreno vestido de marrón, éste cogida una escoba y una calavera.  Dos mujeres se arrastraban en el piso haciendo rechinar su piel con las losetas. Otros tenían  la boca abierta y botaban saliva,  temblaban mientras  se  cogían de las mesas para no caer, sus ojos los tenían entre abiertos, la mayoría de ellos los tenían volteados. Me empezaron a sudar las manos.

Me acerqué a otra habitación y vi a un hombre tirado en el suelo, su pelo le cubría el rostro, tenía la bata abierta y entre las piernas le corría sangre. Había un gran  charco de sangre junto a él, donde se reflejaba una persona vestida de negro que lo observaba sin lamento. Esto me impactó. Y mi cuerpo se paralizó. Se escuchó un portazo en alguno de los pisos, el ruido fue tan fuerte que retumbó  la ventana que tenía al frente. No quise ver más en esa habitación, ni quería saber quién miraba con tanta fijación el cuerpo de aquel hombre ensangrentado.

Seguí avanzando por el pasadizo, supuse que alguien me esperaba al final, en esa oscuridad, en ese fin.

Tenía frío, y empezó a picarme la garganta. Metí las manos a los bolsillos, aún me  seguían sudando, sentí pasos atrás mío.  Pero no volteé. Seguí avanzando, dando pasos cada vez más cautelosos y sin ruido. Giré la cabeza para ver con el rabillo del ojo, pero nadie me seguía.

Sobre paré en otra habitación. Estaba a oscuras. Me asomé con cuidado. Todo estaba en silencio, al parecer no  había nadie. Pero del interior se escuchó que alguien abría la puerta y la  cerraba  de inmediato.  Golpeé con fuerza la puerta para ver que ocurría. Pero nadie salió. Solo escuché del interior abrirse de nuevo  la puerta. Me mantuve quieto cogiendo la pared fría,  esperando que algo o alguien se asomaran. Nadie se asomó.  Saqué una moneda del bolsillo y la tiré hacia el fondo de la habitación, ésta recorrió gran parte del lugar y al final golpeó con la pared. De forma inmediata escuché que alguien cerró con fuerza la puerta del fondo. Salí del lugar y cerré la puerta.

Estaba buscando de forma equivocada. Estaba perdido. Volví al pasadizo y caminé hacia la  oscuridad, pero  ahora lo hacía  más rápido, tenía que salir de allí, me quedaba poco tiempo, caminaba abriendo más las piernas, tenía que salir, empecé a trotar, mi respiración se agitaba y comencé a sentir calor. Sentía la frente llena de gotas de sudor. Me detuve unos metros antes del final. Mi corazón latía muy rápido. Escuchaba mi respiración mientras trataba de visualizar lo que tenía al frente.

Alguien estaba parado al frente mío. Era más o menos de mi tamaño, no lo divisaba muy bien,  pero al parecer  llevaba una capucha. Me acerqué un poco más.  Pude  ver la blancura de su rostro. Pero mientras me iba acercando, éste  tenía una máscara blanca con una gran sonrisa. Me quedé observándolo con temor. El miedo me invadió y se metió dentro de mí. Sentí como si un líquido frío se transportaba por mi médula espinal, paralizando mi cuerpo y erizando toda mi piel, sentía varias espinas que se clavaban en la parte alta de mi espalda. Pasé saliva. Lo tenía al frente y no podía moverme. Podía  escuchar  también su fuerte respiración atrás de la máscara. Giró a la derecha y luego a la izquierda. Metió las manos en sus bolsillos y sacó un papel de uno de ellos. Se agachó y dejó una carta de naipes en el piso. Se dio media vuelta y se escapó entre la oscuridad.

Inmovilizado por el susto, solo me quedé viendo la carta puesta en el piso, pude oír sus pasos  mientras bajaba  las escaleras y se hacían  éstos cada vez más lejanos. Seguía sin  reaccionar. Respiré profundo para buscar tranquilizarme. Recogí  la carta, era un 7 de espadas y lo guardé en el bolsillo de mi abrigo.

Empecé a bajar por las mismas escaleras, no se veía nada, bajaba sujetándome del pasamano y en cada descanso de cada piso lo iluminaba una tenue luz blanca que se prendía y se apagaba.  Pero una vez que empezaba el descenso nuevamente me encontraba a oscuras.
Estoy seguro que bajando uno de los pisos pisé a alguien, pues sentí como se extendía la mano  presionada contra el piso y escuché como crujían los  huesos. Casi resbalo.

Llegué al primer piso, la puerta estaba cerrada. Le propiné una patada tan fuerte que los seguros cedieron. Había un gran mostrador de madera  lleno de documentos, parecía ser como una recepción, de la parte baja salió el pequeño rostro de  una mujer, era una enana vestida con un  guardapolvo verde. Parecía una enfermera y pues llevaba puesta una mascarilla. Le colgaba  un manojo de llaves del cinturón.

-Venga por aquí- apenas pude entender lo que dijo la pequeña mujer.
La seguí por un pasadizo también iluminado pero cada cierto tramo  se iluminaba por una luz que parpadeaba cada cierto tramo. La mujer abrió la puerta, y metió su pequeña mano a su bolsillo. Sacó una carta de naipes.

-Abra la mano-dijo la mujer. Y puso la carta en la palma de mi mano, con tal fuerza que se dobló  una punta, y pude ver que era un 7 de Espadas también. Al retirar su pequeña mano  sentí sus pequeños dedos regordetes que sacaron mi anillo de madera. Guardé  la carta en el bolsillo y al levantar la mirada veía como se alejaba esta pequeña mujer tambaleándose  al caminar por el pasadizo.

Tenía las dos cartas en mi bolsillo. Eran dos 7 de espadas, aun no entendía el misterio de aquella noche. Un enmascarado y una enana. Algo raro sucedería. Pero ellos no eran los que yo buscaba. También había  perdido el anillo de madera que me dejó mi padre. Me quedé sin saber a dónde ir. Esperé ver a la pequeña mujer a mi lado, pero desapareció. Había varias esculturas de yeso en todo ese piso, la mayoría eran niños tapándose la cara.

Detrás del mostrador  colgaban varias fotografías, me acerqué a una de ellas y eran fotos en blanco y negro, habían personas  postradas en camas grandes, éstas tenían los ojos abiertos y todo el contorno de la cama estaban adornados con muchas flores y gente parada alrededor: estaban muertos.

La  temperatura comenzó a bajar, me asomé a una gran ventana, y podía ver que la neblina era densa y apenas se veían las edificaciones. A esa hora de la noche ya nadie transitaba por la calle. Al fondo  de ese recinto había una habitación, la iluminaba la luz que podría filtrarse de la calle. Me acerqué y había un escritorio grande con muchos libros. Había  una persona sentada en un gran sillón dándome la espalda, vestía de color oscuro y tenía una capucha. A la altura de la espalda tenía un bordado una estrella con 5 puntas. Entré dando pasos cortos y sin hacer ruido, para que no se diera cuenta de mi presencia. Esperaba que no volteara. No quería ver su rostro. Esa era la persona que buscaba. Hubo un silencio sepulcral. Y todo se oscureció.

Algo inexplicable sucedió. Mis pensamientos quedaron sueltos. La realidad se fusiona con los pensamientos, pero la realidad se transforma en vida. Mi realidad está compuesta por situaciones  en la  cual todos  nosotros podemos disfrutar  todo lo que nos rodea, podemos respirar si queremos y si podemos. Si queremos sentirnos bien podemos caminar y pararnos en la cima de una gran montaña para sentir el aire que entra a nuestros pulmones, podemos inhalar el aire  helado y exhalar el aire  caliente, pues así funciona nuestro organismo por la temperatura que existe dentro de nuestro cuerpo. Es una maquina bien aceitada que genera calor. Nuestros sentidos son instrumentos testigos de la realidad, están al tanto de lo que sucede afuera, se adaptan a situaciones para captar variables y procesarlas cómo realidad.

En cambio el corazón y el cerebro funcionan para poder interpretar lo que nuestros sentidos van captando, como un beso, un abrazo  o tal vez para decodificar las palabras que escuchamos. Nuestro cuerpo es materia y tiene fecha de vencimiento, pero existe algo más intangible que la materia, hay algo  más, que pesa pero no puede tocarse, es luz o energía, es alma o espíritu, pero a su vez tiene peso y tiene más vida que la materia: es eterna. Se hablan de traslaciones de espíritu, de levitaciones o desprendimientos de  nuestra alma,  provocada por la propia concentración. El mundo no es solo lo que vemos y sentimos. Existen otros lugares desconocidos, que la ciencia los conoce pero no los dice o nos los hace saber.  Podrían causar pánico mundial, o tal vez muchas  personas no las quieran ver, pero doy fe que si existen (Ver para creer).

Vivimos en  varios submundos en donde nosotros, los seres humanos, el ser más poderoso y capaz de la tierra, puede conocer si es que quiere (cree), siempre y cuando  logre esta conexión psíquica. Podremos viajar por  un mundo paralelo que es distorsionado, donde recibes mensajes ocultos que te servirán al momento que retornes a la realidad. En estos lugares los sentidos ya no tienen sentido. Muchas veces, existen  personas que  han transitado por estos  laberintos oscuros, donde el final es inalcanzable y el tiempo es limitado. Pero ahora que pienso y que existo: debo regresar,  porque aún no es el momento. Mis sentidos tienen mucho por conocer, pero las conexiones con submundos y otras dimensiones existen si es que uno quiere conocerlos, lo importante es saber cuándo y por donde regresar.

Abrí los ojos. Todo estaba a oscuras y una luz al fondo del lugar me cegó. Estaba rodeado de personas sentadas en varias  filas. Dude del momento y la situación. Estaba en el cine, tenía a mi esposa al lado y estaba llorando. Estaba enojada. Una vez más me había perdido la película, y justo de las películas que nos gustan: De Almodóvar. <<Había estado soñando. >>pensé.

-Has estado roncando toda la película-me dijo furiosa, mientras comía palomitas de maíz.
-Discúlpame mi amor, no sé en qué momento me quedé dormido-dije
-Siempre que venimos al cine te pasa lo mismo. Nunca podemos disfrutar de ver una película juntos.

-Discúlpame en serio, y ¿qué tal la película?- le pregunté.
-Lloré de principio a fin. ¿Por qué siempre pasa esto?

-No volverá a pasar. Te lo prometo-dije confundido y la abracé, ella me dio un puñete leve en el hombro y me abrazó también.
Mientras salíamos del cine, ella me contaba las partes más importantes de la película, buscaba siempre similitudes con nuestra relación. Estuvimos conversando apoyados en un pequeño muro. Ella prendió un cigarrillo y también hice lo mismo. Me hablaba emocionada,  yo la veía linda, me gustaba mucho su  sonrisa. No la dejé hablar  más y la abracé. Mientras la sujetaba, le  acariciaba  el cabello. Ella tiró su cigarrillo hacia atrás y veía como se extinguía en la vereda y luego de nuevo se prendía  cuando pasaba un auto a gran  velocidad. Nos quedamos así casi una eternidad. Me sentía protegido y cuidado.

Caminamos hacia el parqueo que se encontraba en un sótano. Aun seguíamos abrazados. Mis zapatos estaban llenos de barro. Le di un beso antes de entrar al auto y le dije que la amaba, ella me dijo lo mismo y me dio un beso en la frente.
Encendí el auto, esta vez arrancó de inmediato. Me acerqué a la caseta y le entregué el boleto del parqueo.

El encargado me quedó observando y luego miró a mi esposa. Estaba serio pero  luego sonrió.

-Señor, disculpe, esta es una carta de naipes- dijo entregándome la carta.

Era un  7 de espadas. Sonreí. Luego me asusté. Lo quedé mirando sin parpadear, mientras  sentía la caricia  de mi  esposa. Su mano la  sentía muy pequeña, eran dedos pequeños y regordetes.

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