Laberinto Emocional

 

CogoR_sUMAIZNiC

 

Una nueva esperanza se veía venir. O tal vez,   por fin cambie mi forma de ver las cosas. Luego de conversar con aquel anciano sentados en una banca del parque rodeado de flores rojas y amarillas. Él estaba desorbitado, hablaba incoherencias, pero igual lo escuché. Tenía el cabello  blanco y un bigote muy tupido y gris, estaba muy abrigado y se enroscaba una chalina a cuadros por su cuello, sus piernas las tenía cruzadas y las movía muy seguido, usaba un pantalón de franela y llevaba unas medias cremas con hueco, de una de ellas se le veían los dedos del pie. Me contó que le habían dado un día libre. El clima era cálido, había una pequeña resolana, pero no todo estaba bien, había nubes negras encima de nosotros. Era una persona muy peculiar, hasta la sentí  muy familiar. Me dejé llevar por sus palabras, y su adormecedora voz…

Estaba en el cuarto piso de un antiguo edificio. Caminé por un pasadizo sucio y oscuro, las paredes eran celeste claro y el piso era de cemento, había muchos vidrios y pedazos de ladrillo regado por todos lados. Andaba con cautela por los diferentes pasadizos. No era un buen lugar para pasear. Pero debía pasar este tiempo para poder encontrarla. Caminaba con  las manos por detrás y jugaba con mis dedos. Empezaba a tener nervios.

En el primer tramo de caminata me cruzaba con personas de tez oscura, sus rostros eran de dolor. Se quedaban mirándome fijamente, algunos me regalaban una sonrisa complaciente (no la necesitaba) y otros me seguían con la mirada  a pesar que ya no los veía.

Llegué a un lugar angosto. Era otro pasadizo pero más largo. Estaba más iluminado, parecía no tener fin. Contenían varias puertas a los lados. Entraban y salían  varias personas con la cabeza gacha, unos cruzaban lento arrastrando los pies,  otros volteaban a ambos lados y por miedo se escondían dentro de  las habitaciones.

El final era imposible verlo, estaba oscuro. Pero mis pasos me llevaban para allá. Caminé mucho más lento. Con mucha precaución y cuidado. Miraba el suelo para no pisar vidrios y evitar hacer ruido.  Había personas extrañas en las habitaciones.  Necesitaban descansar. Escuchaba sus gemidos, lamentos y llantos. No era tan agradable estar en ese lugar. Algunos se encontraban arrodillados con batas blancas rezando a un Santo Moreno vestido de marrón, éste cogida una escoba y una calavera.  Dos mujeres se arrastraban en el piso haciendo rechinar su piel con las losetas. Otros tenían  la boca abierta y botaban saliva,  temblaban mientras  se  cogían de las mesas para no caer, sus ojos los tenían entre abiertos, la mayoría de ellos los tenían volteados. Me empezaron a sudar las manos.

Me acerqué a otra habitación y vi a un hombre tirado en el suelo, su pelo le cubría el rostro, tenía la bata abierta y entre las piernas le corría sangre. Había un gran  charco de sangre junto a él, donde se reflejaba una persona vestida de negro que lo observaba sin lamento. Esto me impactó. Y mi cuerpo se paralizó. Se escuchó un portazo en alguno de los pisos, el ruido fue tan fuerte que retumbó  la ventana que tenía al frente. No quise ver más en esa habitación, ni quería saber quién miraba con tanta fijación el cuerpo de aquel hombre ensangrentado.

Seguí avanzando por el pasadizo, supuse que alguien me esperaba al final, en esa oscuridad, en ese fin.

Tenía frío, y empezó a picarme la garganta. Metí las manos a los bolsillos, aún me  seguían sudando, sentí pasos atrás mío.  Pero no volteé. Seguí avanzando, dando pasos cada vez más cautelosos y sin ruido. Giré la cabeza para ver con el rabillo del ojo, pero nadie me seguía.

Sobre paré en otra habitación. Estaba a oscuras. Me asomé con cuidado. Todo estaba en silencio, al parecer no  había nadie. Pero del interior se escuchó que alguien abría la puerta y la  cerraba  de inmediato.  Golpeé con fuerza la puerta para ver que ocurría. Pero nadie salió. Solo escuché del interior abrirse de nuevo  la puerta. Me mantuve quieto cogiendo la pared fría,  esperando que algo o alguien se asomaran. Nadie se asomó.  Saqué una moneda del bolsillo y la tiré hacia el fondo de la habitación, ésta recorrió gran parte del lugar y al final golpeó con la pared. De forma inmediata escuché que alguien cerró con fuerza la puerta del fondo. Salí del lugar y cerré la puerta.

Estaba buscando de forma equivocada. Estaba perdido. Volví al pasadizo y caminé hacia la  oscuridad, pero  ahora lo hacía  más rápido, tenía que salir de allí, me quedaba poco tiempo, caminaba abriendo más las piernas, tenía que salir, empecé a trotar, mi respiración se agitaba y comencé a sentir calor. Sentía la frente llena de gotas de sudor. Me detuve unos metros antes del final. Mi corazón latía muy rápido. Escuchaba mi respiración mientras trataba de visualizar lo que tenía al frente.

Alguien estaba parado al frente mío. Era más o menos de mi tamaño, no lo divisaba muy bien,  pero al parecer  llevaba una capucha. Me acerqué un poco más.  Pude  ver la blancura de su rostro. Pero mientras me iba acercando, éste  tenía una máscara blanca con una gran sonrisa. Me quedé observándolo con temor. El miedo me invadió y se metió dentro de mí. Sentí como si un líquido frío se transportaba por mi médula espinal, paralizando mi cuerpo y erizando toda mi piel, sentía varias espinas que se clavaban en la parte alta de mi espalda. Pasé saliva. Lo tenía al frente y no podía moverme. Podía  escuchar  también su fuerte respiración atrás de la máscara. Giró a la derecha y luego a la izquierda. Metió las manos en sus bolsillos y sacó un papel de uno de ellos. Se agachó y dejó una carta de naipes en el piso. Se dio media vuelta y se escapó entre la oscuridad.

Inmovilizado por el susto, solo me quedé viendo la carta puesta en el piso, pude oír sus pasos  mientras bajaba  las escaleras y se hacían  éstos cada vez más lejanos. Seguía sin  reaccionar. Respiré profundo para buscar tranquilizarme. Recogí  la carta, era un 7 de espadas y lo guardé en el bolsillo de mi abrigo.

Empecé a bajar por las mismas escaleras, no se veía nada, bajaba sujetándome del pasamano y en cada descanso de cada piso lo iluminaba una tenue luz blanca que se prendía y se apagaba.  Pero una vez que empezaba el descenso nuevamente me encontraba a oscuras.
Estoy seguro que bajando uno de los pisos pisé a alguien, pues sentí como se extendía la mano  presionada contra el piso y escuché como crujían los  huesos. Casi resbalo.

Llegué al primer piso, la puerta estaba cerrada. Le propiné una patada tan fuerte que los seguros cedieron. Había un gran mostrador de madera  lleno de documentos, parecía ser como una recepción, de la parte baja salió el pequeño rostro de  una mujer, era una enana vestida con un  guardapolvo verde. Parecía una enfermera y pues llevaba puesta una mascarilla. Le colgaba  un manojo de llaves del cinturón.

-Venga por aquí- apenas pude entender lo que dijo la pequeña mujer.
La seguí por un pasadizo también iluminado pero cada cierto tramo  se iluminaba por una luz que parpadeaba cada cierto tramo. La mujer abrió la puerta, y metió su pequeña mano a su bolsillo. Sacó una carta de naipes.

-Abra la mano-dijo la mujer. Y puso la carta en la palma de mi mano, con tal fuerza que se dobló  una punta, y pude ver que era un 7 de Espadas también. Al retirar su pequeña mano  sentí sus pequeños dedos regordetes que sacaron mi anillo de madera. Guardé  la carta en el bolsillo y al levantar la mirada veía como se alejaba esta pequeña mujer tambaleándose  al caminar por el pasadizo.

Tenía las dos cartas en mi bolsillo. Eran dos 7 de espadas, aun no entendía el misterio de aquella noche. Un enmascarado y una enana. Algo raro sucedería. Pero ellos no eran los que yo buscaba. También había  perdido el anillo de madera que me dejó mi padre. Me quedé sin saber a dónde ir. Esperé ver a la pequeña mujer a mi lado, pero desapareció. Había varias esculturas de yeso en todo ese piso, la mayoría eran niños tapándose la cara.

Detrás del mostrador  colgaban varias fotografías, me acerqué a una de ellas y eran fotos en blanco y negro, habían personas  postradas en camas grandes, éstas tenían los ojos abiertos y todo el contorno de la cama estaban adornados con muchas flores y gente parada alrededor: estaban muertos.

La  temperatura comenzó a bajar, me asomé a una gran ventana, y podía ver que la neblina era densa y apenas se veían las edificaciones. A esa hora de la noche ya nadie transitaba por la calle. Al fondo  de ese recinto había una habitación, la iluminaba la luz que podría filtrarse de la calle. Me acerqué y había un escritorio grande con muchos libros. Había  una persona sentada en un gran sillón dándome la espalda, vestía de color oscuro y tenía una capucha. A la altura de la espalda tenía un bordado una estrella con 5 puntas. Entré dando pasos cortos y sin hacer ruido, para que no se diera cuenta de mi presencia. Esperaba que no volteara. No quería ver su rostro. Esa era la persona que buscaba. Hubo un silencio sepulcral. Y todo se oscureció.

Algo inexplicable sucedió. Mis pensamientos quedaron sueltos. La realidad se fusiona con los pensamientos, pero la realidad se transforma en vida. Mi realidad está compuesta por situaciones  en la  cual todos  nosotros podemos disfrutar  todo lo que nos rodea, podemos respirar si queremos y si podemos. Si queremos sentirnos bien podemos caminar y pararnos en la cima de una gran montaña para sentir el aire que entra a nuestros pulmones, podemos inhalar el aire  helado y exhalar el aire  caliente, pues así funciona nuestro organismo por la temperatura que existe dentro de nuestro cuerpo. Es una maquina bien aceitada que genera calor. Nuestros sentidos son instrumentos testigos de la realidad, están al tanto de lo que sucede afuera, se adaptan a situaciones para captar variables y procesarlas cómo realidad.

En cambio el corazón y el cerebro funcionan para poder interpretar lo que nuestros sentidos van captando, como un beso, un abrazo  o tal vez para decodificar las palabras que escuchamos. Nuestro cuerpo es materia y tiene fecha de vencimiento, pero existe algo más intangible que la materia, hay algo  más, que pesa pero no puede tocarse, es luz o energía, es alma o espíritu, pero a su vez tiene peso y tiene más vida que la materia: es eterna. Se hablan de traslaciones de espíritu, de levitaciones o desprendimientos de  nuestra alma,  provocada por la propia concentración. El mundo no es solo lo que vemos y sentimos. Existen otros lugares desconocidos, que la ciencia los conoce pero no los dice o nos los hace saber.  Podrían causar pánico mundial, o tal vez muchas  personas no las quieran ver, pero doy fe que si existen (Ver para creer).

Vivimos en  varios submundos en donde nosotros, los seres humanos, el ser más poderoso y capaz de la tierra, puede conocer si es que quiere (cree), siempre y cuando  logre esta conexión psíquica. Podremos viajar por  un mundo paralelo que es distorsionado, donde recibes mensajes ocultos que te servirán al momento que retornes a la realidad. En estos lugares los sentidos ya no tienen sentido. Muchas veces, existen  personas que  han transitado por estos  laberintos oscuros, donde el final es inalcanzable y el tiempo es limitado. Pero ahora que pienso y que existo: debo regresar,  porque aún no es el momento. Mis sentidos tienen mucho por conocer, pero las conexiones con submundos y otras dimensiones existen si es que uno quiere conocerlos, lo importante es saber cuándo y por donde regresar.

Abrí los ojos. Todo estaba a oscuras y una luz al fondo del lugar me cegó. Estaba rodeado de personas sentadas en varias  filas. Dude del momento y la situación. Estaba en el cine, tenía a mi esposa al lado y estaba llorando. Estaba enojada. Una vez más me había perdido la película, y justo de las películas que nos gustan: De Almodóvar. <<Había estado soñando. >>pensé.

-Has estado roncando toda la película-me dijo furiosa, mientras comía palomitas de maíz.
-Discúlpame mi amor, no sé en qué momento me quedé dormido-dije
-Siempre que venimos al cine te pasa lo mismo. Nunca podemos disfrutar de ver una película juntos.

-Discúlpame en serio, y ¿qué tal la película?- le pregunté.
-Lloré de principio a fin. ¿Por qué siempre pasa esto?

-No volverá a pasar. Te lo prometo-dije confundido y la abracé, ella me dio un puñete leve en el hombro y me abrazó también.
Mientras salíamos del cine, ella me contaba las partes más importantes de la película, buscaba siempre similitudes con nuestra relación. Estuvimos conversando apoyados en un pequeño muro. Ella prendió un cigarrillo y también hice lo mismo. Me hablaba emocionada,  yo la veía linda, me gustaba mucho su  sonrisa. No la dejé hablar  más y la abracé. Mientras la sujetaba, le  acariciaba  el cabello. Ella tiró su cigarrillo hacia atrás y veía como se extinguía en la vereda y luego de nuevo se prendía  cuando pasaba un auto a gran  velocidad. Nos quedamos así casi una eternidad. Me sentía protegido y cuidado.

Caminamos hacia el parqueo que se encontraba en un sótano. Aun seguíamos abrazados. Mis zapatos estaban llenos de barro. Le di un beso antes de entrar al auto y le dije que la amaba, ella me dijo lo mismo y me dio un beso en la frente.
Encendí el auto, esta vez arrancó de inmediato. Me acerqué a la caseta y le entregué el boleto del parqueo.

El encargado me quedó observando y luego miró a mi esposa. Estaba serio pero  luego sonrió.

-Señor, disculpe, esta es una carta de naipes- dijo entregándome la carta.

Era un  7 de espadas. Sonreí. Luego me asusté. Lo quedé mirando sin parpadear, mientras  sentía la caricia  de mi  esposa. Su mano la  sentía muy pequeña, eran dedos pequeños y regordetes.

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Aún ahí

 

Gota tras gota: tic, tic, tic…el silencio parece nunca callar, solo él sabrá  lo que quiera contar, se acerca lentamente, me susurra al oído melodías que se pierden en cada rincón de mi corazón, se asoman y se van, muy  cansadas de no poder hablar más.

Cada gota de lluvia marca un compás infinito: tic, tic, tic…estos marchan distantemente con las huellas que deja el segundero incansable de tanto andar. El reloj no se calla, también  me cuenta al oído y me pide: tic, tic, tic…imposible dejar de cabalgar, montado en un trineo donde el tiempo huye para no volver jamás.

La noche no avanza, se inquieta, se acomoda, se oscurece sin mirarse porque aún no se logra reconocer, llora en silencio desconsolada, pues se resiste a verse en claridad.

Despierto de mis sueños eternos, congelados en el tiempo, ya perdí la costumbre de ver y de sentir. Mi mirada está enterrada en el misterio envuelto de noche que se pierde dentro de mi, una llama se enciende y baila con mi respiración, luego me agito, me canso de perder, me abraza el miedo y me da un beso la angustia,  no pienso en el tiempo y recuerdo claro mi sueño, trago saliva y dejo de respirar,  nuevamente se extingue, se desvanece, se acaba el brillo de mi única luz sin sombra que vive dentro de mi.

No sé cuál será el final, no sé qué pasará, me aliento sin sudar, me animo para vencer, pero  en ésta lucha sin fin hay solo un vencedor que quiere perder, se aferra y se apodera de mi , se enfurece fuera y dentro de él, siento  frío  y necesito respirar aún más, mi única esperanza es ciega que se pierde mientras otro  corazón se olvida de latir.

 

El Sobre Azúl

 

bar

 

Ahora recién lo recuerdo. Salí caminando del hotel, hacía mucho frío, caía una leve llovizna y el reloj de la catedral marcaba las 6 en punto. No quería regresar a casa, estaba cansado de verla, no aguantaba más su mal humor y su indiferencia. Por eso no quería volver. Estoy en la calle desde ayer. La noche ya no es peligrosa, de repente lo digo por ira, pero esta rabia la tengo desde anoche que salí de mi casa tirando la puerta tan fuerte que por dentro escuché vidrios romperse. Espero que nadie se haya cortado.

Crucé una avenida larga y oscura, antes de llegar a la esquina me topé con unos tipos que me quedaron mirando, bebían  de una botella que se la pasaban de mano en mano, uno de ellos tenía una cinta roja  en la frente y estaba apoyado en unas muletas, me quedaron  mirando hasta que los perdí de vista. Antes de entrar al bar, miré para atrás para ver si me estaban siguiendo, pero felizmente  no había nadie, y a pesar  que uno de ellos se encontraba con muletas,  me dejó  igual de nervioso. Al ingresar me sentí mucho mejor, el susto quedó afuera. Me di cuenta que los  tipos aquí adentro no podrán hacer nada. Al menos  en este lugar estaba protegido y seguro.

El  bar  “Eclipse”  estaba repleto, parecía otro mundo aquí adentro, el murmullo era global, las conversaciones se mezclaban y muchos negocios sin dinero se cerraban en esta clase de antros. Me acerqué al camarero y  le pedí un tequila. Parecía nervioso. Debe ser por la gente, pensé y prendí un cigarro. Me apoyé en la barra y volteaba de rato en rato para buscar a alguna mujer que me mire y que esté sola también. Quería cosas distintas,  ya no quería lo mismo, quería olvidarme del dolor, de lo que pasó anoche.

Se me acercó un tipo  muy raro,  tenía una camisa rayada, y unos lentes con lunas y monturas circulares, eran pequeñitos, me dio risa ver sus ojos tan grandes que ocupaban la totalidad de la luna, tenía un bigote gris y en el medio una línea marrón quemada   por el cigarro, dejó en la barra una agenda maltratada pero lo hizo con mucho cuidado,  tanto así, que me extrañó el movimiento. Luego hizo algunos sonidos raros en su garganta y pidió una copa de whisky, me miró por un momento y yo sonreí, no por amabilidad, sino  porque me dio gracia ver su cara graciosa. Se acomodó en banco  y pareció entornillarse en el lugar, no dejaba de verlo, lo miraba disimuladamente  de  reojo  mordiéndome uno de los dedos,  tenía unos zapatos totalmente sucios y muy gastados. El volteaba y volteaba la cabeza, tenía ganas de hablar y yo también pero menos con él. Yo quería conversar con una mujer.

Hasta que sucedió, se tomó el whisky de un tirón, pidió otro más. Prendió un cigarro y el humo se formó encima de él de una manera inusual, posiblemente diabólica.

-¿Tu eres nuevo aquí no?-dijo siguiendo mirando a todos lados, no parecía estar seguro de sí mismo, eso creía yo.

-Si- dije evitándolo. Pedí otro tequila  y no demoraron en servir.

-No cualquiera viene a este tipo de lugares y sobre todo SOLO… salvo que quiera otra cosa.

Me quede observándolo sin asentir. Tomé la mitad del shot de tequila.

-¿Por qué la pregunta?-dije mordiéndome nuevamente el dedo pequeño.

-La ciudad es peligrosa, hace poco tiempo un tipo vino solo al bar y nunca salió de aquí, justamente por que  vino a tomar SOLO.

-¿Y usted que hace SOLO aquí? , puede ser peligroso también para usted.

-Lo estoy acompañando caballero…no lo hago por temor…sino por protección.

-Estoy bien aquí de verdad, y ya estoy muy grande para cuidarme solo-dije riéndome.

Sacó un pequeño pañuelo del bolsillo de su chaqueta y limpió sus lentes circulares de una manera enérgica, abrió su agenda con cuidado  y miraba fijamente un sobre azul  grueso que tenía varias estampillas. Lo terminó de ver y me miró fijamente.

Se escuchó un grito afuera, luego hubo un pequeño silencio, algunas personas se pararon de su sitio sobre todo los que estaban cerca a la entrada, en algunas mesas aún se escuchaban las conversaciones y de las mesas más lejanas se escuchaban aun risas, pero poco a poco todas fueron silenciándose.  Me quise levantar de mi sitio  pero me quedé estático, hubo un silencio general,  habían ingresado tres personas vestidas todas de negro al bar y estaban armadas. A ninguno se les veía las caras, estaban con pasamontañas, y esta imagen es la que recuerdo con mayor intensidad: la silueta de los tres hombres en la puerta  con su arma alzada  en mano. Gritaron algo en otro idioma y empezaron a  disparar a quemarropa a todos los que estábamos dentro.

En ese momento todo sucedió muy rápido y muy lento a la vez, me cogí de la barra y me agaché por entre las mesas, algo golpeó en mi hombro,   al estar ya mi cuerpo en el suelo, giré lentamente y  veía que gente caía ensangrentada por todos lados, pude ver cuerpos entre las patas de las mesas que se retorcían, algunos solo caían de golpe ya sin vida, el lugar se prendía y se apagaba por las ráfagas de los disparos,  se escuchaban también movimientos de sillas que se caían, y  muchos gritos de dolor, también vidrios que se rompían. Todo el piso estaba húmedo y resbaloso parecía jabonoso. Fui arrastrándome entre la oscuridad lentamente y sin hacer mucho ruido, las balas habían terminado o ya estaban dentro de mí.

Se apoderó el silencio en el bar,me imaginé que  las almas se levantaban de sus cuerpos y  se alejaban del lugar. No se escuchaba nada, solo las gotas de sangre y licor  que caían de las mesas  al piso, y algunos cuerpos que hacían sus últimos movimientos de vida empujando sillas y vasos rotos. Estando en el piso desde abajo me topé cara a cara con el tipo raro de lentes redondos, no los tenía puestos, lamentablemente tenía los ojos cerrados. Estaba sin sangre. Su agenda también estaba en el piso pero ésta si estaba manchada de sangre y de una esquina estaba a la vista el sobre azul . Lo cogí y lo guardé en mi bolsillo posterior. Avancé gateando y escuché pasos atrás mío, no quise voltear, solo me eché lentamente fingiendo mi deceso.  Al lado yacía el camarero, estaba con la lengua afuera y salía espuma roja de su boca y entre los ojos tenía un orifico de bala, del cual salía un líquido viscoso  mezclado con mucha sangre, le colgaba del cuello un rosario plateado. Escuché  a alguien que abría cajones y  salía corriendo. Ahí tirado en el piso mis fuerzas me estaban abandonando, a lo lejos se escuchaba las sirenas que se acercaban  al lugar, mis ojos se empezaban a cerrar, me estaba quedando dormido, escuchaba nuevamente voces,ladridos, gotas de agua, gritos, llantos ,  a pesar de tener los ojos cerrados veía una luz azul dándome vueltas en la cabeza, luego era roja, luego blanca y luego verde, escuché un pito agudo en mi oído y todo estaba oscuro.

——

Abrí los ojos y no veía nada, todo estaba a oscuras, todo olía mal. Cerré nuevamente los ojos, respiré profundamente y me dormí.

-Despierte señor, por favor. Necesito que respire. ¡Respire 1, 2, 3…respire! Contamos nuevamente Respire, por favor Señor. Respira Fernando. ¡RESPIRA!… ¡RESPIRA!

Abrí los ojos y  felizmente si  podía ver, vi una luz que me cegaba, luego fui viendo borroso y luego miré a mí alrededor, al parecer me encontraba en una sala de recuperación de un hospital, me sentía como amarrado, sin poder moverme. Al pie de la cama distinguí a  dos doctores que me miraban preocupados, aunque uno si sonreía. Otro lo tenía al lado y era el que había mencionado mi nombre. Quise hablar, pero no podía pues tenía un tubo que  salía de mi boca. El Doctor se dio cuenta y me lo retiró.

-¿Que paso, por qué estoy aquí?-dije. Sinceramente no recordaba nada.

El Doctor que estaba a mi lado, les hizo unas señas a los otros dos y salieron de inmediato. Me comenzó a revisar los ojos con una pequeña linterna. Tenía cara conocida.

-Usted sufrió un pequeño accidente hace más de 3 meses. Lo hemos operado 2 veces satisfactoriamente, usted ha puesto mucho de sí para seguir con vida, hemos hecho TODO para que usted pueda volver nuevamente con nosotros. Obviamente usted también ha puesto de su parte para aferrarse a la vida, y para eso existimos,  para vivir.

-Pero… ¿Qué me paso  exactamente? .No entiendo nada…¿Cómo pasó?

-Me imagino que no recuerda nada…es normal, poco a poco lo recordará.

El Doctor  dejó su estetoscopio y su pequeña libreta al pie de la cama,  cogió una silla y se sentó  al lado mío.

-El incidente ocurrió  en el mes de Enero del presente año en  Nueva York justo en la localidad de donde es usted,  un grupo de terroristas ingresó  a  un bar en Washington Avenue, y disiparon sin piedad   a todas las personas que asistieron al lugar, hubieron cerca de una treintena de muertos y solo hubieron dos sobrevivientes. Usted y un hombre más, que actualmente ya está en prisión.

-Pero… ¿qué hacia allí?- dije mirándolo  preocupado.

-Nos imaginamos que pronto lo recordará, usted  ha estado todo este tiempo en Cuidados intensivos, es normal perder la memoria cuando ocurren este tipo de incidentes.

-¿y los terroristas también murieron?

-Exactamente el parte policial y el FBI comunicó que entraron tres personas al local a realizar los disparos, los tres fueron acribillados por el SWAT. Ninguno pudo salir con vida.

-Entonces esa persona que está en prisión. ¿Por qué está en ese lugar?-dije aun sin comprender.

-Esa persona se encontraba dentro de los que asistieron ese día  al bar, es un escritor medio loco. Tiene problemas mentales, corrigió.

-Pero… ¿por qué se encuentra en prisión?- insistí.

-Porque él tiene muchos antecedentes. Y estaba buscado por el FBI.

-Está bien… pero… ¿por qué está en prisión? ¿Qué hizo ese día?

-Déjeme explicarte  Fernando, pero debes mantener la calma. Por favor.

Asentí con la cabeza, y me preocupé. Me vinieron muchas cosas a la cabeza: buenas y malas, pero estando con vida me sentía más aliviado, pero aún estaba intrigado por todas las cosas que me contaba en ese instante el Doctor, y me las contaba de una manera que nunca hubiese querido que me las cuenten. Demasiadas cosas fuertes, intensas y todas a la vez.

-La persona que tenemos en prisión, pudo escapar del lugar luego del atentado en el bar. Los testigos dicen que salió corriendo con las manos en los oídos, tropezándose con todo y cayéndose por todos lados – dijo.

Lo noté raro al Doctor  mientras me contaba que había sucedido en el bar, se ponía cada vez más  nervioso, ya no me miraba a los ojos,  ahora tenía la mirada perdida y hablaba  mirando por todos lados de la habitación.TIC, TIC, TIC…hacia con el lapicero.

-Pero por favor Doctor, cuénteme… ¿por qué salió tapándose los oídos esa persona? –dije medio extrañado por su comportamiento. Notaba que se incomodaba por cada una de mis preguntas.

El Doctor se paró de la silla, fue a su escritorio y sacó un file lleno de documentos, dentro de él había una foto.

¿Conoce a este señor?-dijo poniéndome  la foto muy cerca  al rostro. Su mano temblaba.

-No sé, ¿quién será?… espere Si, si, si…es él… ¡Si lo recuerdo!, ¡Ese tipo del bar! Fue la persona que se sentó conmigo esa noche, si, si, si… Ya recuerdo, era un tipo muy extraño, pero… ¿Qué paso? ¿Qué hizo?-dije mirando fijamente la fotografía y levantando luego la mirada recordando algunos pasajes de esa noche.

-Pues bien, Fernando, esta persona tiene problemas psiquiátricos, ha sido procesado por el tribunal de Justicia en varias circunstancias por pertenecer a una red de asesinatos. Esta vez su plan no tuvo éxito o posiblemente sí-dijo con misterio.

-Pero, sigo sin entender. ¿Cómo que posiblemente si?-añadí.

-Esta persona estuvo en el mismo bar que usted, y también tú  lo acabas de recordar,  al parecer iba a matar por encargo a una persona, pero aún  no se sabe a quién quiso matar, al menos aún se niega a hablar este hombre. La Policía y el FBI aún se encuentran en investigación. Obviamente esa persona que iba ser asesinado perdió la vida coincidentemente por el atentado de los terroristas en el  bar. Salvo que usted haya sido la persona  que buscaba para asesinarlo. Aun no lo sabemos. Tanto el FBI como la Policía están esperando su recuperación para poder conversar con usted y poder aclarar  la investigación y unir cabos que aún están sueltos.

-Pero este tipo, no parecía agresivo, era medio raro, pero tampoco me pareció armado. Nunca lo pensé que un tipo así como él pertenezca a estas redes de asesinatos.

-Pues es verdad Fernando, pero la forma como asesinaba a las personas, es muy penosa,  es lo que les preocupó a la Policía y por eso estaban tras él.

Pasé saliva. Estaba asustado.- ¿Y cómo asesinaba a las personas?

-Entregándoles unos sobres con explosivos-dijo. Se levantó de la silla  y metió las manos a su mandil blanco.

-¿Qué quiere decir Doctor?

-A usted lo sacaron del recinto casi sin vida pues había recibido un impacto de bala en el hombro, había perdido mucha sangre. Lo estaban trasladando en la ambulancia y…

Me quedé helado y  estático, sentí  mucho frío,un hormigueo  me recorría  por la nuca y bajaba por mi espalda,  sentí como si hubiese vivido otras vidas y en todas había perdido,  pasé saliva pero me costó pasarla,  una lágrima fría  recorrió mi mejilla y cayó en mi boca, ésta era salada y sabia a sangre. El Doctor retiró la frazada que me cubría y se colocó frente a la ventana para apreciar la oscuridad de la noche. Miré mi cuerpo vendado y no vi mis piernas ni tampoco  mis brazos,  luego un dolor punzante se situó en mi garganta y se me hizo un nudo  que aún no puedo desatar.

 

Destino paralelo

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Camino entre las líneas del tren, voy contando cada uno de mis pasos, asentando los pies y sus huellas  con mayor facilidad, piso piedras blancas, grises y algunas negras, éstas crujen  y salen expulsadas violentamente del camino. Mi rumbo está cercado por las líneas oxidadas que se pierden en el horizonte, cada paso que doy tiene un sentido, un rumbo encasillado entre paredes férreas… me lleva, me dirige, me hace avanzar involuntariamente, no sé cuál será el destino, lo único que hago es caminar.

Oigo a lo lejos ruidos extraños del bosque que me tientan. Pero lo único que escucho es el ruido de las piedras de este camino vacío  y el silbido del viento avisándome lo lejos que estoy de mi destino. Y sin hacer algún tipo de esfuerzo el camino me dirige y me dibuja un destino que no quiero.

Si miro para abajo todo es igual, las piedras, las líneas, algunas plantitas moribundas. Si levanto la cabeza todo es maravilloso, el cielo al amanecer y al anochecer, las praderas, los árboles, el frío de las montañas y la lluvia.

No quisiera abandonar mi presente continuo, podría avanzar más y más por este camino, pero debo parar. Me detuve por un instante y pienso: no soy una locomotora ni un tren, soy un ser humano, con razón  y en busca de libertad. Doy un paso a la izquierda y  salgo de las líneas del tren, abandono este camino aburrido,  irreal y absurdo. En la cima de  una pequeña loma veo como se pierden las lineas del tren, perdí mucho tiempo siguiéndolas, esperando que se junten en el horizonte como me contó mi abuelo. Pero  sus bordes nunca se juntan.

Ahora que sigo un nuevo camino todo es distinto. Ingreso a  un bosque con árboles muy altos lleno de frutos y pájaros, disfruto cada paso que doy, me encanta el  paisaje, ahora lo que piso está con vida: suelos lleno de hierba, flores y piedras de varios colores, a lo lejos se escuchan las aguas de un río, el zumbido de los insectos bebiendo de las flores. Me acerco al torrente de agua transparente, la contemplo, bebo de su pureza, y descalzo empiezo a caminar por su cauce, tan igual como en las líneas del  tren, siguiendo un rastro sin fin, caminando solo y  esperando que sus orillas se junten en el horizonte: nuevamente sin destino.