Seguir sin Libertad

whis

 

No me encontraba del todo bien, tenía en mi mano un vaso de whisky  con cuatro hielos, un  cigarro prendido entre mis dedos, cada vez  había más humo en mi habitación,  hasta tenía mucha dificultad de ver la pantalla del ordenador. Cada cierto momento después de darle una calada al cigarro, tocia remeciendo mi caja torácica que  parecía arrancar mis bronquios, tenía una torre de libros llenos de polvo y algunos  leídos a la mitad, no me dedicaba tiempo a lo que realmente quería hacer,  andaba aburrido de todo, hasta de las historias de algunos autores.  Tenía vasos sucios de todos los colores en el escritorio, moscas se posaban en sus bordes para lamer las sobras pegoteadas en su interior, eran rojizas, amarillentas y marrones, lo raro era que no tenía asco.

El reloj ya no marcaba la hora, se había quedado sin energía,  mi mente también, la tele no la prendía desde hace muchos meses por eso la pantalla se encontraba plomiza,  la correspondencia  de tiendas comerciales se había acumulado en cantidades sorprendentes, tal fue así que tuve dificultad al  salir de mi casa cuando fui a  comprar  más cigarrillos. Mis planes a corto y mediano plazo se habían  postergado por la dejadez. Le di un largo sorbo al vaso, mis pensamientos quedaron  sin coherencia, me miré al espejo,  vi mi rostro de un lado y luego del otro, parecía tener más edad, lucía ojeras y barba desordenada.  Ahora solo vivo el presente y no disfruté mucho de la vida. Libros y más libros  me hacen olvidar de las responsabilidades y de la realidad. Charles Bukowski aplaudiría lo mencionado,  pero lo más probable es que no se de cuenta o  no le importe en lo más mínimo lo que sienta.

Nuevamente le di una  calada profunda al cigarro y bebí dos sorbos grandes de whisky, música de fondo:  Tom Waits. Mi  cerebro se fue acomodando, implorando  libertad y felicidad. Sensaciones se van mezclando con la realidad y se fusionan con mis pensamientos liberales, la música me acompaña de una manera diferente, ésta me hace olvidar mi soledad, me da fuerzas para hacer lo que me gusta: estar en  libertad. Ahora es lo que necesito y lo que siento. Mi desorden interno refleja lo que veo a mi alrededor, pero ya no me importa.

De un momento a otro la tos desaparece, un hormigueo  y una frescura por la parte baja de mi cabeza se va adormeciendo, los ojos los  voy sintiendo pesados, y la piel de mi cara se va pegando más y más. Lleno el vaso de whisky, es uno de 18 años que encontré debajo mi cama, siento relajamiento, estiro mis piernas y pateo unos cables. Se apagó todo lo que tenía al frente. Di dos sorbos  más y prendo un cigarro, lo trato de devorar, ahora lo disfruto más, hago un submarino y me divierto, me atrevo a subir el volumen, me olvido de lo que estaba pensando, me olvido de lo que escribía, no tengo  preocupaciones, tomar no es bueno, hace daño a la salud, eso es lo que dice en la botella, arranqué la etiqueta y me sentí  mucho mejor. Poder ser libre.

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