Cuento

El Hombre de Amarillo


 

 

tren

 

Tengo cargado mi cuerpo  de 4 kilos de explosivos, me los pegué  con cinta adherente  hoy por la mañana, visto con una casaca amarillenta, ancha para no dar sospecha,  luzco unas botas marrones sin pasadores, un pantalón verde olivo que pronto se teñirá de sangre.  Camino zigzagueando y mirando el piso por la acera central de una doble avenida, sin ver lo que tengo al frente. Tengo miedo que al  levantar  la mirada vea  policías, esto me asusta, dudo por un instante, pero soy yo el elegido quien  deba dar el mensaje de Alá, siento pasos por detrás. Me deben estar siguiendo.  El miedo me está invadiendo  por un instante, me comienzan a sudar las manos, siento frío por la cara, la siento  cada vez más tiesa que de costumbre, mi respiración se acelera, cierro los puños,  bajo la mirada nuevamente y entro al metro que se dirige al centro de la ciudad.

——

Veronica,  una chica  Irlandesa de 20 años,  estudia  en Belfast al norte del país, específicamente en la universidad del Ulseter. Una joven muy  risueña, transmite  mucha energía a sus familiares y amigos. Desde muy pequeña salía con sus padres todos  los domingos a las afueras de la ciudad, estacionaban su  camioneta muy cerca de la desembocadura del rio Lagan,  tendían una manta  en el  césped al borde del rio y compartían momentos de sueños y felicidad, ella aprovechaba esos momentos también para  dibujar  prototipos de embarcaciones que veía en el puerto. Su  padre siempre admiró el gran talento que tenía su hija, por tal motivo ingresó a los 18 años a estudiar a la universidad la carrera de arte y diseño, ocupando siempre los primeros lugares.

Tuvo una infancia muy feliz  en familia, compartiendo mucho con ambos padres, hasta que  cumplió 14 años, recibió una llamada del estado federal   avisándole  que su madre había muerto en un accidente aéreo en los estados unidos. Pero su padre siempre hizo todo lo posible para cubrir ese vacío  por la falta de su madre. Ella siempre obtuvo buenas notas en el colegio,  a pesar de no tener a su madre.  Era muy pegada a su Padre, aprovechaban y disfrutaban momentos juntos viajando fuera del país, a veces  invitaban  también a una de sus mejores amigas de toda la vida, Katherine, compañera de colegio.

Siempre mantuvo una buena relación con su padre,  a pesar de que él  la cuidaba mucho, llamándola más de cinco veces al día. Para él, comunicarse en todo momento con Laura le llenaba el alma de tranquilidad al saber que ella  se encuentra bien. Siempre  tomaban desayuno juntos, conversaban sobre anécdotas de la  universidad y solían reír juntos, llenándose de mucha alegría antes de que empiecen sus actividades diarias,  él trabajaba  en un diario como redactor de prensa, el más importante  de Belfrast, “The Journal” donde tenía trabajando  ya más de 30 años.

Una tarde fría típicas de los meses de Noviembre en Irlanda, saliendo de la facultad Veronica llama a su padre- Papá, hoy no me recojas, saliendo de la facultad  iré a casa de Katherine a estudiar.

-Pero ¿hasta que hora estarás ahí hija?, No me comentaste que tenías examen –dijo el padre sorprendido.

-No hasta tan tarde Papá, porque mañana tengo clases-dijo ella tapándose el otro oído con un dedo ya que llamaba desde el patio de la universidad.

-¿No saldrán luego a los bares?  Acuérdate que  mañana es día de semana y tienes que estudiar.-dijo el padre  en desacuerdo y preocupado.

– No Papá, ¿Acaso no me crees? Vamos a estudiar…, comemos algo… y voy a la casa.

-Pero, ¿no iríamos al cine mi amor?-dijo el padre intentando que no se quede hasta tan tarde.

-Papá… ¡tengo que estudiar!, tenemos que hacer un trabajo para mañana…

-Ok hija, pero por favor apenas termines me llamas y te recojo.

-No te preocupes, te aviso cuando terminemos-dijo ella más aliviada.

-Cuidate por favor-dijo el padre sintiendo un sabor de angustia.

<…>

Para él su hija lo era todo, la cuidaba muchísimo, no descuidaba nada para que todo tuviese, tenía miedo de que se encuentre sola por las calles, de que le paso algo, tenía esa angustia incrustada en su alma, porque años atrás,  había perdido al amor de su vida en un accidente en Nueva York, exactamente en el atentado de las torres gemelas, su esposa se encontraba abordo del avión de la línea aérea American Airlines que se estrelló con una de las torres gemelas en el 2001, él aún no había superado ese dolor, le entregaba todo el cariño a su hija para suplir ese vacío, la noticia referente al fallecimiento de su  esposa en el atentado de las Torres gemelas  tuvo que escribirla  el mismo, recuerda con mucho dolor cuando empezó a teclear su nombre  en el ordenador para que luego se  publique   al día siguiente en  el diario “the Journal”

Imagínense el dolor, el recuerdo, la desesperación que tenía enraizado el padre de Veronica por lo ocurrido en esa tragedia que impactó al mundo. Sabiendo también que nunca habían encontrado su cuerpo.

<…>

 

Esa misma noche desde la casa de Katherine Llamó al celular del Papa pero esta vez no era para que la recogiera.

 

-Hola Papito-dijo ella de un modo amigable.

-Hola Vero, ¿quieres que  ya vaya por ti?-Preguntó él siendo lo más directo posible.

-No Papá, quería avisarte que  me voy a quedar a dormir en casa de Katherine, aún nos falta mucho para terminar el trabajo.

-Pero cuando termines avísame y yo te recojo-insistió

-¡Papá, por favor! , no sé realmente a qué hora terminaremos, mejor es que me quede aquí, los padres de Katherine están de acuerdo ¿sí?-dijo con tono de dulzura, sabía usarlo con su padre.

-Hija, ¿te puedo llamar a la casa de Katherine?-dijo él desconfiado, dudando si estaba en casa de la familia de Katherine

-Sí, Papá-dijo ella segura, pero entendiendo lo que pensaba él de ella.

Entró la llamada y contestó la misma Verónica, mientras que Katherine leía en voz baja los libros de Diseño.

 

-Papá,  ¿estas dudando de mí?-preguntó ella agarrándose la cintura.

-No,  hija de verdad que no, sólo quiero que estés bien-dijo él sintiendo angustia que le recorría desde la garganta para situarse en el vientre.

Pasaron la noche leyendo muchos libros que rentaron de la biblioteca sobre diferentes artistas contemporáneos de pintura del siglo XIX, investigaron también  más por internet, recopilando toda la información para luego quedarse rendidas de cansancio pero felices por haber terminado el trabajo que les habían pedido.

Amaneció con un sol radiante, parecía dibujado en el cielo celeste y  lo resistía una bruma casi inexistente como solía amanecer en esa época, se levantaron cansadas pero la belleza de lo que podían ver a través de la ventana. Era  muy motivante el día, así que tomaron desayuno juntas acompañadas de los padres de Katherine, quienes  también la estimaban mucho porque había estudiado con su hija desde el colegio y la amistad era tan grande que posteriormente  decidieron estudiar lo mismo; intercambiaron algunas palabras mientras guardaban los papeles que habían quedado de la noche. Salieron felices.

Caminaron juntas por la acera que las conducía a la estación del Metro para tomar la línea 1  y tomar una conexión que las llevaría a la Universidad.

Mientras caminaban juntas, Veronica cerraba los ojos por momentos y respiraba esa fragancia de los grandes bosques que bordeaban la gran avenida por donde circulaban algunos autos a esa hora de la mañana,  le hacía recordar a su niñez cuando su madre la llevaba de la mano por el mismo lugar pero al colegio, sentía la caricia de un vientecillo fresco que le transmitía tranquilidad y frescura, contagiada por la linda mañana.

Estando ya en la estación del metro, entró una llamada  al celular de Veronica, era su padre, pero por el  bullicio de las personas y por  el vaivén de  los vagones que se dirigían al lado sur de la ciudad  no pudo escucharlo. Bajaron  inmediatamente por una escalera eléctrica que las llevaba a la línea 1, había mucha gente, la mayoría de personas eran estudiantes que se dirigían a sus diferentes facultades de la misma universidad, Veronica se percató ya dentro del vagón de un sujeto extraño empapado de sudor que  volteó a mirarlas, vestía  de una chaqueta de color amarilla.

Al día siguiente en los quiscos de todo el país, El diario “The Journal” mostraban titulares de portada negra sobre el atentado más horrendo y sanguinario  de la ciudad, 240 muertos en una explosión del metro, y  letras más  pequeñas pero en la misma portada mostraba una noticia sobre el  suicidio de un gran trabajador del diario horas después del atentado en el metro. Estas eran las noticias que ocupaban las primeras planas de los diarios del país y del mundo.

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