Poema

El enigma

Tanico

Al reverso de mi simpatía,

 cargada de soledad miserable,

 resopla sin orquesta: la pesadez.

 Embriago mi mente de melancolía  tánica,

perpleja, soltera y cálida.

Aislado sin oxígeno ni personas

 recibo un llamado o  mensaje,

 me impacienta presionar el okey

 para saber si es ella,

 pero el misterio ya no me  coquetea,

me invade el silencio,

me arropo en el capullo de la oscuridad,

 realmente quiero obviar la verdad,

el hecho se enfrenta a mi  otro yo,

 la última palabra del crucigrama de mi vida está al frente,

 pero sigo escribiendo,

 escuchando música que me aterroriza,

 me revuelve la pelvis una corriente,

ésta escala cada vertebra por  mi  columna,

formando cubos de  dolor

ocasionados por los treinta y tantos años…  años que nunca volverán a pasar.

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Vacío

 

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La tristeza  se empareja con la soledad,

le da un abrazo,

la  envuelve con sumisión y melancolía,

la enrolla,

la controla pero no la puede mirar,

porque ésta desespera entre lágrimas

mientras la niebla del camino restringe su paso,

ese destello de luz aun oscurece su mirada,

…aún en soledad.

La Nota

banqueta

Es una tarde fría, esas que cuando respiras sientes que el hielo entra como flechas y terminan incrustándose en la sien. Los dedos de los pies a pesar de las medias están helados y doblados. Camino lento, mirando al piso, sin saber por dónde. El brillo de mis botas parecen reflejar el cielo oscuro de una llovizna. A lo lejos, terminando la callecita por donde transito hay una pequeña banca, esas que te están esperando para que las calientes y las acompañes mientras oscurece. Al sentarme en el lado izquierdo mientras me acomodo veo una pequeña nota con una inscripción que dice “No voltees”, la sujeto y automáticamente giro la cabeza, una mano me arrancha el bolso donde guardaba mi poco dinero y algunos cuadernos con poemas escritos en la mañana. Me levanto preocupado, me despido de la banca y con la nota en la mano leyéndola por segunda vez, cruzo la calle. Abrí los ojos y me encontraba en UCI de un hospital de la ciudad, todo por hacerle caso a la nota.

Sentir

El dolor y un mal presentimiento me encrespan el lomo,

 algo que aun no entiendo recorre mis viseras,

 me carcome sin sal ni pimienta,

 me enloquece  y todo retumba a mi alrededor,

el  desorden mental oscurece mis ideas sin ganas de sentirme mejor,

 sentado en una pequeña rama crujiente y seca de un árbol aprecio  el horizonte,

éste se niebla poco a poco y almas translucidas recorren el bosque,

 me miran fijamente sintiéndome que soy el culpable.

No hay perdón, sin que las vísceras te comuniquen algo,

no hay perdón sin que te embadurnen de culpas,

pues mentir a veces resulta decir la verdad aunque no te sientas culpable.

Se rompe la rama por mi peso, la culpa no es mía, es del árbol que no se alimentó bien.

Poemas

Una noche a las seis de la mañana

2015-03-27 01.59.32

El retorno no es solo volver,

la incertidumbre de regresar desgrana

un lenguaje mágico que cruza paredes de mi imaginación,

entre calles vacías, distintas y  peligrosas,

donde el mejor acompañante es uno mismo

y  la mejor compañía camina sola,

zambulléndome  entre  todas esas oscuras calles,

la mayoría empedradas desde su cauce,

pareciéramos perdernos entre la niebla de la noche y

el humo de  los cigarrillos que no volveré a prenderlos,

se disipa entre la niebla y la humedad,

mi mirada  perdida y mis oídos solteros

retumban en las paredes del bar y suena un bajo  de cinco cuerdas,

revolotea en mi cabeza esa pintura entre la caminata y la oscuridad,

una voz que nunca pude escuchar,

ella me habla de noche y de día, pero algunas

letras me acompañan hasta el final.

Tan solo una noche más.

Cuento

            Éxtasis


en-la-ventana

Toda esa noche la pasé mal, tocía  como moto, me movía de lado a lado, me dolía  todo el cuerpo sintiendo que me acuchillaban la espalda. Sudaba frío, pero mi cuerpo lo sentía caliente. Me vinieron unas  ganas tremendas de orinar, pero me dolía todo. No sentía mis  piernas, me quedé sentado en mi cama mientras buscaba sentir mi pulso, me costaba mucho abrir los ojos, los sentía muy pesados, las luces que veía del gran ventanal de mi cuarto me molestaban. Me desenrollé  del capullo de sabanas que había hecho por tanto  moverme y  asenté mis pies al suelo, me costó mucho ponerme las pantuflas, al dirigirme al baño no levantaba las plantas de los pies, los arrastraba por el malestar  del cuerpo. En el trayecto pateé unos libros que se encontraban al pie de mi cama que terminaron al fondo de mi habitación. Prendí la luz  con movimientos retardados, me acerqué al espejo con miedo. Me asusté mucho, estaba  verde, con ojeras hundidas, tenía granos pronunciados, y los ojos húmedos y pequeños.

Oriné con dolor y por todas partes, me dolía tanto  el cuerpo que  sentía malestar al estirar el brazo para jalar la palanca.

Apagué la luz del baño, y sufrí nuevamente  para llegar a mi cama.

Me senté primero en la cama para luego levantar las piernas que las sentía muy pesadas, me tapé  hasta la cintura pero las sabanas y mi  pijama estaban heladas. Comencé a encoger y a estirar mis piernas  pausadamente para que con la fricción generara  calor. La cama  y mi cuerpo se calentó menos mis manos así que repetí la misma tarea pero con las manos.

-Debo estar con fiebre- pensé.

No aguantaba el dolor, me quedé mirando el vacío de mi habitación, solo oía  sirenas que se perdían en la lejanía.

Mi cuerpo comenzó a temblar. Me asusté mucho más y pensé que esto ya no era algo normal.

-¡Mamá! -grité fuertemente, retumbando esa palabra  por todo el pasillo.

Mi madre  prendió la luz y aterrada por verme en esa condición me dijo preocupada-¿Que te sucede?

-Me duele todo el cuerpo, no puedo dormir-murmuré.

-Hijo, estas pálido, ¿no quieres ir mejor al médico? -Me dijo mirando la hora  y preocupada

– tengo mucho frio, no quiero salir de la cama- Dije con voz  que parecía  salir  de una tumba.

-se te ve muy mal cariño, te voy a traer pañitos calientes-

-Mamá dame una pastilla por favor, esa que le diste  a Carla cuando  tuvo fiebre-dije implorando

Mi madre se dirigió a su dormitorio  en busca de la pastilla. A esa hora de la noche, solo se escuchaba el alboroto de cajas, pomos y blísteres que hacia mi madre mientras rebuscaba la pastilla.

En la oscuridad de mi cuarto me retorcía de lado a lado de dolor y fastidio,  hasta que por fin escuché entrar a mi madre, trayéndome  la pastilla y un  vaso con agua.

-Ahí tienes hijo. Pásala con cuidado, es grande la pastilla. Tomate toda el agua.-Me lo dijo preocupada como si aún fuera niño

Tomé un sorbo grande de agua ingiriendo la pastilla de inmediato, no pensé dos veces en secármela toda.

 

-Ah, gracias Mama-se lo dije casi sin aire.

-ahora te sentirás mejor Hijo, por favor descansa y me avisas cualquier cosita ¿ya?- diciéndomelo con ese amor de madre para transmitirme tranquilidad.

-Ok mama, sé que  me pasará. Apágame la luz por favor.

Me dejé resbalar en la cama y cerré los ojos. Dormí algo, creo que cinco minutos.

Cuando de pronto Abrí los ojos y vi  en mi cama pequeñas avecitas medias redondas   de todos los colores que comían en platos anaranjados. Algunos giraban su cabecita para mirarme, unas se acercaban y me picoteaban los dedos de las manos y otras hacían sus necesidades en mi pijama.

-¡Mama!- dije despavorido

-¿Qué  te pasa hijo?-me dijo asustada, luego de prender la luz

-¡Mira estos pájaros que están en mi cama!¡ estoy embarrado de caca¡-dije mostrando cara de asco.

Mi madre muy confundida y preocupada exclamó:-hijo ¿qué tienes?, ¿qué te pasa? ¿De qué me estás hablando?

-¡Mira mi pijama!, ¡tengo caca de pájaro!

-Hijo no hay nada en tu pijama, ¿de qué me hablas?, no entiendo  que te sucede -dijo ella sorprendida por la incoherencia.

-Mama, ¿no los vez?-dije lloriqueando y clavando la mirada al borde de la cama.

-¿A quién? ¿Qué te pasa?-Pregunto desconcertada

Mi madre  asustada y  sin entender lo que pasaba, llamó doctor además fue por más agua. Luego me alcanzó una polera para cambiarme la ropa, me tranquilizó y apagó la luz. Yo ya no los veía.

Habré dormido unos minutos,  cuando un  gran destello iluminó mi habitación. Mi mamá ya no estaba. Me  acerqué a la ventana de inmediato. Puse los puños en el vidrio y sentí atreves de ellos el frio de la noche, miré para abajo, y la casa flotaba, estaba a pocos metros  del inmenso mar azul, veía  pequeñas olas que se encrespaban por el viento.

De reojo vi entrar a mi  madre al dormitorio, se quedó mirando por la ventana acompañando mi soledad y me dijo:-¿te sientes mejor no?-Si mama- dije con tranquilidad y sin mirarla.

Mi madre estaba más  tranquila porque me veía con un mejor semblante. Me pasó su brazo por atrás  tocándome la parte baja del hombro y apoyó su cabeza en la mía. Con la otra mano sostenía la pastilla correcta que debió darme. Mientras  tanto yo miraba el océano azul y mariposas gigantes que brillaban como luces de neón que se apoyaban al gran  ventanal.

Poemas

La suma de verdad

El amor encadena un dolor final,

olvidarlo cuesta espacio en el futuro,

quererlo y  mantenerlo desarma probabilidades lógicas,

el dinamismo de tus abrazos controla el hermetismo discreto,

tu avaricia derrocha ternura y conformismo,

tu belleza encarna y encapsula mi corazón,

el motivo de seguir queriéndote no merece solo un amor.

Tan solo es amor;  vivir y buscar  al ser amado,

es conviviente si la  verdad desmiente la promesa,

tu control derrocha obsesión,

tus caricias y tu tez cautivan el bosque hormonal,

mientras las carcajadas del corazón entristecen el pavor perdido,

el motivo de seguir queriéndote no merece solo un corazón.

Los celos confunden mis seis sentidos,

tu razón borra la prueba y el delito amargo en tu soledad,

tu verdad germina el origen de mi razón injusta,

el llanto justiciero atormenta al mediador sarcástico de tu pasión,

sin los  colores de tu alma decoloran el fiel  testimonio de vida en la relación,

el motivo de seguir queriéndote no merece solo una adición.

El motivo de seguir queriéndote no merece una adición

entre el amor y tu corazón,

la diferencia es quererte y multiplicar mi amor, dividido entre tú y yo.

Vaso de Agua


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Vaso medio vacio

Después de dejar el vaso con agua  medio vacío,

giré antes de mirarme lentamente en el espejo y reaccioné,

el vaso había caído,

miré como lo dejaba chillar y

como los cristales de vidrio se dispersaban entre la alfombra,

mientras el agua se amotinaba y

luego se diluía por el felpudo gigante.

Viendo el vaso medio vacío y medio

destrozado tomé mi último sorbo de saliva

quedando sediento toda la noche,

sin vaso, sin agua, sin vaso medio lleno,

pero con una gran  preocupación:

De no pisar los vidrios cuando me levante a volver a tomar

un nuevo  vaso de agua, un vaso medio lleno u otro vacío.

Dificultades

Alcanzar el vuelo desde el infierno no es tan difícil,

aunque tenga las alas rotas y los oídos quemados,

 alzaré vuelo.

Besar el mar mientras  existan olas no es tan difícil,

mira el reflejo en sus aguas y acaricia la espuma,

bésalas de nuevo.

Desear a la mujer que amas, no es tan difícil,

tienes que saber que ella te ama, y entrégale el corazón,

ámala sólo ámala.

Olvidar un desamor no es tan difícil,

tienes que recordar lo no vivido y soñar despierto para olvidarlo todo,

olvidar es amar.

Dejar las drogas no es tan difícil,

busca el motivo y revela lo ofrecido a un amigo,

deja a tu amigo y alza vuelo conmigo.

Dejar de escribir no es tan difícil,

piénsalo, medítalo, y ya no lo escribas.

Solo, Solo, Solo

Todo puede parecer extraño pero los latidos

aún se confunden con el dolor,

la brisa se oscurece desmesuradamente

contra el barranco frente a mis pies,

la condena rechifla con el viento que se resbala

y atemoriza al escuchar sus aturdidos gritos,

los caminos que conducen al vacío imploran soledad,

 se sienten oscuros bajo la sombra de la luna que

van perdiendo las murallas que llenan el horizonte,

mi única mirada perdida frente a pequeñas luces

se juntan entre si y se desvanecen una por una.

Luces, frío, palidez, sombras y lluvia,

objetos que se presentan siempre ante un momento de soledad,

nunca estarás solo.